En estos días en que ya circulan rumores acerca de la inminente devaluación y correspondiente corrida bancaria, uno de los factores que se menciona como "culpable" es la competitividad cambiaria.
La competitividad cambiaria es una medida de como engañamos al resto del mundo haciéndoles creer que es más barato comprarnos a nosotros. Yo se que los economistas van a criticar muchísimo esta definición, para ellos es solo otra variable de ajuste que hace que los números cierren y como tal totalmente válida para ser utilizada cuando y donde sea conveniente. Pero la realidad es más dura que la ficción. La ficción se puede torcer y retorcer todo lo que quieran, la realidad no cede ante nada.
La definición más aceptada de competitividad de un país es la capacidad de incrementar su producción, aunque muchos la definen en términos de producto bruto interno que no es muy adecuado como vamos a ver. Y lo más importante es que, a pesar que parece ser bueno tener competitividad, no necesariamente ser competitivos es bueno para nosotros.
Dentro de esta definición se incluye la competitividad cambiaria. Este índice marca cuanto beneficia el tipo de cambio a nuestras exportaciones en relación con otros países competidores. Para definirla se toma el tipo de cambio actual, el "efectivo" por llamarlo de alguna manera, y se compara con el tipo de cambio "real". Acá se produce la primera ruptura de la realidad. Uno debería suponer que el valor de las divisas es el valor del mercado, sobre todo teniendo en cuenta que estamos adheridos al FMI (más sobre este tema más adelante). Pero no es así. Hay un tipo de cambio real, que es el de verdad, y un tipo de cambio regulado por intervención del gobierno o por decreto como fue en tiempos de la convertibilidad. La competitividad cambiaria se obtiene mediante la subvaluación de nuestra moneda respecto de la de nuestros competidores o, como en este caso, con el dólar que es la moneda predominante en nuestro comercio exterior. Esta distorsión hace que los compradores vean a nuestros productos más baratos en términos de dólar.
Otra distorsión destacable es la diferencia entre la definición de competitividad en general con la competitividad cambiaria. En la definición de competitividad lo que es fundamental es el incremento de la producción, la convertibilidad cambiaria permite vender más al exterior. Aunque este fenómeno tiende a incrementar la producción, hay más incentivos para producir bienes para el mercado exterior y para el interior también ya que adquirirlos importados es más caro en términos monetarios, no es en sí mismo un incremento de la producción.
Pero volviendo a la realidad, la riqueza producida y los recursos aplicados son exactamente los mismos con convertibilidad cambiaria o sin ella. La distorsión del tipo de cambio no genera riqueza por sí misma. De hecho los productores reciben menos dólares por su producción. De dónde proviene el supuesto beneficio? El beneficio está en el ingreso de divisas reales (porque esos dólares son de los de verdad, no son números en un balance) que se reciben de las exportaciones porque (en teoría) sin la competitividad cambiaria no se recibirían. Y acá es donde empiezan a pesar las distorsiones.
Estos dólares de verdad tienen valor de verdad en el exterior. Son, después de todo, dólares de verdad. En el mercado interno valen más que eso, supuestamente. Cada uno de esos dólares podría comprar más pesos de lo que vale y con eso se obtendría más mercancía en el mercado local. Pero la única forma de concretar este sueño sería cambiar los dólares a pesos provocando una depreciación del dólar y una apreciación del peso tirando la competitividad a los caños. Este es uno de los motivos fundamentales para las retenciones a las exportaciones.
El otro efecto de esta distorsión viene de aislar los mercados interno y externo. Con los dólares reales se pueden adquirir bienes en el exterior a precios reales. Con esos mismos dólares se deberían obtener más bienes a precios internos ya que el peso se encuentra subvaluado. Suena razonable pero no lo es, no se obtiene el beneficio equivalente a la diferencia de cambio. Los bienes tangibles están sujetos al mercado de una forma o de otra. Aquellos que son importados van a tener el valor real en relación al dólar y de los producidos en el país solo aquellos que están bajo una muy estricta regulación gubernamental pueden mantenerse con precios irreales. Pero en los bienes producidos localmente hay un factor de ajuste que es muy fácil de regular, el salario. El valor de la mano de obra es muy difícil de determinar en mercados regulados y con poca demanda. Y está atado además a una de las variables de la competitividad cambiaria que es la moneda local. Esto lo convierte en la principal víctima de la susodicha competitividad porque aún cuando el salario se incrementa en valor nominal, el valor que tiene en términos reales disminuye. Aún cuando llega al extremo de ser muy alto en valor dólar. Este punto lo alcanzamos en la mejor época de la convertibilidad donde uno podría haber vivido muy bien en el extranjero con un sueldo de clase media de Argentina en la medida que pudiera haberlos cambiado a dólares y resuelto los problemas logísticos de cruzar la frontera todos los días para ir a trabajar. En esa época nos vimos beneficiados por la alta inflación de EEUU lo que puso al dólar real a casi la mitad del peso. Imagínense que en vez de cambiar un peso por un dólar para irse de vacaciones al extranjero hubieran cambiado cada peso por dos dólares. Pero aún a un dólar, fue un gran beneficio. De donde salió tanta bonanza? La pagamos el resto del año con precios más altos en términos comparativos. El mismo sueldo que nos daba la buena vida afuera a duras penas pagaba las cuentas en casa.
La competitividad cambiaria beneficia solo al gobierno a través del ingreso de divisas y de impuestos. Impuestos que recibe en moneda real y no en los papelitos de colores que emite él mismo. Favorece la exportación, restringe la importación y solo en teoría incrementa la producción porque como hemos visto históricamente no es sustentable. No hay crecimiento real, no hay más riqueza, es solo una distorsión de la percepción pero que desde un punto de vista económico monetarista se ve muy bien en los balances.
Hoy la situación real es que no tenemos competitividad. El dólar está subvaluado. El manejo de los índices de inflación local se tocan, entre otras cosas, para mantener la ilusión que el peso está ligeramente subvaluado. Y, en las teorías conspirativas, para mantener la competitividad cambiaria va a ser necesaria una devaluación del peso.
Es por esto que tenemos que ir hacia un mercado natural. Dejar de lado estas ideas locas de conseguir competitividad a través de ajustes monetarios. Son todas ilusiones y ya hemos visto históricamente que no funcionan a largo plazo. Generan un pico de "crecimiento", entre comillas porque es crecimiento monetario, y decae cuando no se puede sostener más la ilusión. Pero esos picos de crecimiento nunca fueron de crecimiento para nosotros.
Estas maniobras han sido abandonadas por muchos de los países que están creciendo en términos reales hoy. El año pasado el presidente del banco central de Chile, Vittorio Corbo que dejó el cargo a fines de ese año, hizo una presentación en una reunión de la cámara de comercio Peruano Chilena donde claramente desechó la distorsión cambiaria como herramienta para mejorar la competitividad. Reconoció los resultados inmediatos de esta pero también sus efectos nocivos en el valor del salario y monetarios en el mediano plazo y largo plazo. Terminó la presentación diciendo que la única manera de lograr competitividad real y sostenida es mediante el incremento de la producción.
Nada de esto es sorprendente. No conozco a Corbo personalmente ni sus antecedentes ni creo que sea un genio de la economía. Pero si comparamos resultados de largo plazo, aún con todos lo problemas que siguen teniendo por el sistema socialista, les ha ido mejor de esta manera. Chile está en el puesto 26 del ranking 2007-2008 del World Economic Forum y Argentina en el 85. En el ranking 2006-2007, Chile estaba en el puesto 27 y Argentina en el 69.
Y además es la forma real de responder a la realidad. Producir más significa más riqueza y eso es real. No estamos hablando de dinero ni de crédito, estamos hablando de cosas concretas, que tienen valor real.
Si mal no recuerdo, en la misma presentación se mostraron los resultados de una encuesta a empresarios que calificaron distintos temas en cuanto a como afectaban los niveles de producción. Los cinco primeros, lejos, eran todos de gestión de gobierno y los más graves eran impuestos, regulación y burocracia. Lo que más hace un gobierno socialista para "mejorar" es lo que (al menos en la percepción de los productores) más deteriora la producción. Como compensación, el gobierno no da competitividad cambiaria.
No se si los rumores son reales o no. Pero la experiencia previa, la realidad económica (la real de verdad) y la lógica indican que estamos cerca de la próxima crisis. Todos los elementos están ahí. Políticos, económicos, monetarios, sociales. Es ridículo pensar que esta vez no va a pasar lo que pasó todas las otras veces. Este gobierno no va a cambiar de rumbo como tampoco cambiaron los otros. Se que suena insensato porque nadie acelera el vehículo cuando ve una pared adelante, menos cuando sabe que ya otros pasaron por lo mismo y terminaron chocando. Pero a diferencia de la metáfora, el choque no los afecta más que en su imagen política. Y a veces ni siquiera en eso. Nuestros últimos tres presidente democráticos siguen siendo considerados grandes señores y recibidos con reverencia en todos lados a pesar de sus fracasos y de sus bajezas.
Ojalá alguno reaccionara y cambiara el rumbo hacia una economía desregulada. Aunque más no sea para ver que pasa. Total por este camino ya pasé y se adonde va...
Monday, May 12, 2008
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