Tuesday, June 2, 2009

Las alternativas para las próximas elecciones

Voy a darles la oportunidad de ahorrarse la lectura de este artículo. Si lo que buscan es la respuesta concreta y directa se las doy ya, ninguna. No hay ninguna alternativa para las próximas elecciones, no la ha habido desde que tengo memoria.

De lo que voy a escribir hoy es del verdadero significado de las elecciones. Mucha gente desconoce que es lo que se vota, las posiciones electivas en cuestión, pero lo importante acá es que es de lo que realmente se vota, la posibilidad "legal" de mantener el poder absoluto.

Yo sé que esto suena dramático y exagerado, pero es la realidad histórica que hemos visto durante casi un siglo.

Sin ir tan lejos, recuerdo las primeras elecciones legislativas después del Proceso (la dictadura militar que gobernó Argentina desde 1976 a 1983). Alfonsín había logrado la presidencia con un porcentaje importante (52%) que no solo superaba el 50%, también superaba en más de un 10% a la fórmula de Luder-Iglesias. Sin embargo, para la fecha de las elecciones, el romance había terminado. Las medidas económicas de Alfonsín fueron todas regresivas, la situación caótica y la recuperación institucional nunca pasó de la declamación.

Voy a hacer una pausa importante en este punto porque esta última afirmación va a provocar una avalancha de protestas. Alfonsín es visto por la mayoría como el adalid de la democracia Argentina, el hombre que la recuperó para todos nosotros y quien salvó a las "instituciones" de los años oscuros de la dictadura. Nada de esto es cierto. La transición del gobierno militar al gobierno democrático de Alfonsín no fue el cambio que esperaba y diría que esperábamos, porque de mis conversaciones con muchas otras personas recuerdo que no era solo yo quien esperaba esos cambios. Y no desconozco el hecho que el proceso secuestró, robo, violó y asesinó ilegalmente por cuestiones políticas mientras que el gobierno de Alfonsín solo secuestró con un tinte semi legal como para cuidar las apariencias. Si quieren cuestionar este hecho, les recomiendo primero leer esta nota. Sergio Valenzuela fue arrestado en Chos Malal en 1987 por haberle gritado a Alfonsín y estuvo detenido 10 días por desacato. Lo que gritó fue "tenemos hambre señor presidente". Si bien desacato estaba contemplado en el artículo 244 del código penal, la definición es muy difusa y la interpretación de "falta de respeto" que se aplicó es absurda. El adalid de las instituciones jamás reconoció esto como una falta y, de hecho, no hizo absolutamente nada para evitar el arresto. Hasta es posible que lo haya exigido de la misma manera que Scioli demandó la cabeza del responsable por su reciente bochorno. Sergio Valenzuela estuvo prófugo una semana y la policía de la democracia dedicó sus recursos a perseguirlo, seguramente desatendiendo aquellas responsabilidades que hubieran resultado en cambios positivos para los habitantes de Chos Malal como por ejemplo atender a la seguridad pública. Aún después del arresto, Alfonsín pudo haber intervenido y terminar con el incidente. Y tengo mis serias dudas que haya habido un proceso legal en este caso pero desconozco los detalles. Sergio Valenzuela recibió asistencia del gobierno por intervención personal de Alfonsín unos años después. Otra muestra de como Alfonsín, como todo otro presidente, respetó a las instituciones. La asistencia social manejada personalmente en forma arbitraria como dádiva de monarca, una manera de comprar voluntades.
Entre otras cosas que esperaba de Alfonsín, me hubiera gustado ver que derogara toda la legislación generada por la comisión legislativa del proceso. Y usé derogar a falta de otro término porque la realidad es que debió haber sido ignorada completamente. Toda la legislación del proceso es nula aún hoy, nula de nulidad absoluta porque no fue el fruto de un Congreso elegido democráticamente como lo exige nuestra Constitución. Y, aún si consideramos que semejante cambio hubiera ocasionado un caos institucional (no hubiera ocurrido pero...), había alternativas. Una de ellas hubiera sido la revisión completa de la legislación por el Congreso democráticamente elegido. Pero esto no ocurrió. No porque era un trabajo de verdad, algo a lo que los políticos escapan, sino porque nada es más atractivo para un gobierno socialista que el poder respaldado por ley. El gobierno de Alfonsín, e insisto que igual que cualquier otro gobierno, usó y abusó de estos poderes.
A esto podríamos sumarle la actitud con que trató los crímenes de la dictadura. Haber "perdonado" en pos de la "pacificación" fue una de las más atroces cachetadas a las instituciones. No solo desde el punto de vista de la justicia objetiva, porque los crímenes se cometieron y esto no se puede cuestionar, si no porque no tenía la autoridad para hacerlo. Legalmente el presidente tiene autoridad para otorgar perdones, algo que me parece atroz y que voy a tratar en el futuro, pero solo a reos condenados. Es necesario el debido proceso y la condena para que se pueda obtener un perdón presidencial. Alfonsín se excedió en los poderes atribuidos por la Constitución al evitar el juicio.

Volviendo al tema de las elecciones, en las primeras elecciones legislativas del gobierno de Alfonsín, la elección se transformó en un debate acerca de la gestión de gobierno. Aunque no fue tan descarado como en el caso de la consulta popular por el conflicto del Beagle, la realidad es que el gobierno lo asumió en este sentido. Con el justicialismo dividido y mal visto en general, lo que más temía Alfonsín era una gran mayoría de votos en blanco. Aún si sus candidatos obtenían una mayoría relativa, cosa que hubiera ocurrido seguramente, la imagen de una mayoría real de votos en blanco hubiera mostrado la realidad de la voluntad de los votantes, no apoyar la gestión del gobierno actual ni respaldar a la inexistente oposición. Algo que hubiera sido mucho más saludable para nuestras instituciones. Alfonsín apoyó su campaña básicamente en un solo punto, votar en blanco es una traición digna de nostálgicos del proceso. Él sabía que apuntar en contra de la oposición era contraproducente porque no eran capaces de reunir los votos necesarios para tomar el control del Congreso. La estrategia dió resultados, aunque los votos en blanco fueron significativos para ser la segunda elección desde el retorno de la democracia. Hubo más de un 10% en comparación con menos de un 3% en las elecciones de 1983.

En el caso de la consulta popular por el tema del Beagle, la situación fue peor. Para quienes no lo recuerden (o no lo sepan) hasta el año 1984 existió un conflicto por la delimitación de la frontera en la zona del canal de Beagle en el extremo Sur del continente. Este es un tema que merece su propio artículo porque no solo es una historia jugosa, muestra como han respondido nuestros gobiernos en la defensa de nuestros intereses. La cuestión es que en 1984, el gobierno de Alfonsín, decidido a terminar con el conflicto, sometió un tratado a consulta popular. La elección fue un enfrentamiento entre la UCR y el justicialismo, un nuevo debate sobre la gestión de gobierno en general y no el tema que se trató en cuestión. El significado del tratado, bueno o malo, fue pasado a segundo plano. El justicialismo jugó sus cartas apoyando la abstención, una manera de obtener los votos de sus huestes sumados a los de todos aquellos que no fueran a votar porque la consulta no era obligatoria. Esto provocó el efecto contrario, la gente se volcó a votar masivamente no para apoyar el tratado, sino para contrarrestar la maniobra del justicialismo. Esta consulta convocó a más de 12 millones de votantes, sobre un total de electores habilitados que rondaría los 18 millones, con solo un 2% de votos en blanco. El tratado se aprobó con más del 80% de los votos y nadie jamás se cuestionó si eso era lo correcto.

Años después, Menem resolvió el problema de los votos en blanco de la única manera posible, por ley. Con la oposición deprimida después de la gestión de Alfonsín, su mayor temor también fue el voto en blanco. Y Menem se jugaba su reelección, no era una mera elección legislativa. Así fue que en 1995, el artículo 149 del código electoral fue reemplazado por otro que establece como condición para ser elegido obtener el 45% "de los votos afirmativos válidamente emitidos" o en su defecto el 40% y una diferencia de más del 10% sobre el segundo. Esto es lo que le quitó valor a los votos en blanco, no son afirmativos y por lo tanto no se cuentan dentro del porcentaje para el cálculo. Esto es un gran beneficio para todos los partidos políticos porque ya no es necesario obtener una verdadera mayoría para alcanzar la presidencia, solamente una "gran minoría".

Pero este cambio fue utilizado para desalentar el voto en blanco mucho más allá de su verdadero alcance. La modificación solamente afecta a las elecciones presidenciales, el artículo es parte del Capítulo I, "De la elección de Presidente y Vicepresidente de la Nación". En el caso de elecciones legislativas, la elección de senadores se realiza por mayoría simple y la de diputados por proporción de votos obtenidos entre aquellas listas con al menos un 3% de los votos. En ambos casos los votos en blanco no afectan el resultado. No es cierto que los votos en blanco cuenten a favor de los partidos mayoritarios. A lo sumo se podría considerar que cuentan en contra de los minoritarios que podrían no alcanzar el 3% o no alcanzar la cuota necesaria para obtener una banca. Pero de la misma manera se podría considerar que cuentan en contra de los mayoritarios que podrían perder una banca a manos de partidos menores que superan el 3% mínimo.

El análisis matemático de cuales son las posibles consecuencias del voto en blanco no lleva a nada. El voto en blanco no va a ser contabilizado de una manera o de otra. Pero esto no tiene que ser una condición a considerar en el momento de votar. Votar al menos malo no es correcto. Votar en contra del malo tampoco. En estas elecciones no hay alternativas porque no hay una oposición real, estamos entre socialistas en el poder y socialistas que quieren estar en el poder. Unos serán más corruptos que otros, beneficiarán a diferentes grupos, atacarán a otros, en el fondo todos ellos necesitan apoderarse de los recursos para poder "redistribuirlos" para el bien o para el mal. No importa el objetivo, no importa el resultado, lo que está mal es apoderarse de los recursos que nosotros producimos utilizando el poder del estado.

Justo ayer ví en un programa de televisión un periodista, asumo que de un programa humorístico, entrevistando a candidatos con preguntas acerca de sus plataformas. La gracia era que las preguntas estaban referidas a las plataformas de los otros partidos y se las presentaban como las propias. Obviamente que todos cayeron en la trampa y elaboraron elusivas respuestas acerca de como y porque se iban a implementar esas políticas. No es una sorpresa, no hay manera que los candidatos puedan distinguir una plataforma de otra porque son todas iguales. Puede haber diferencia de matices pero el socialismo es socialismo, no importa por que lado quieran verlo. No hay diferencias ideológicas entre ellos.

No es mi intención en este blog decirle a la gente que debe votar. Pero sí decirles que voten a conciencia, que voten expresando claramente su voluntad.
El voto en blanco cuenta en la medida que nosotros lo consideremos. No importa si alcanzan la banca en el Congreso o no. El gobierno va a reforzar este modelo socialista opresivo porque tanto oficialistas como opositores quieren lo mismo. Lo que no consiguen por mayoría lo consiguen por negociación. Lo que no consiguen hoy lo conseguirá mañana el que sigue. La importancia del voto en blanco es que muestra cuantos somos los que no apoyamos este sistema de gobierno no importa cual de los partidos esté en el gobierno. El voto en blanco nos muestra que no estamos solos. Y no me importa si somos una minoría, pero somos, estamos, existimos. De la misma manera que no vendería mi voto a cambio de "asistencia social", tampoco voy a vender mi voto por miedo al gobierno.

No comments: